Entre la palabra y la imagen



     Entre la palabra y la imagen. Un “entre” que pretende ser un punto medio en el que anclar una forma de expresión, una concepción propia del mundo que rodea una mirada. ¿Mil palabras o mil imágenes? No me atrevo a elegir. A veces una sola palabra es capaz de expresar mucho más que una imagen, otras veces, en cambio, la imagen gana la partida a la palabra. Y ¿cuántas veces una palabra acompaña, enriquece o da sentido a una imagen? Conforman un todo infragmentable. Pero en el fragmento también hay belleza. Y no hablo de una belleza estética, sino de la belleza en la experiencia estética, de la belleza catártica ante lo que pudiera ser el arte en la palabra, el arte en la imagen; el arte, al fin y al cabo, en cualquier corpus interpretable desde esa vivencia como espectador que no se queda indiferente. Todos hemos sido sujetos de esa fusión casi mística con una melodía, una figura esculpida, una narración visual o un paisaje abstracto. Sea cual sea su plataforma o su medio de expresión, lo artístico  se manifiesta y adquiere identidad propia en el momento en que cualquiera lo experimenta como tal.

    Entre la palabra y la imagen. Sigo sin posicionarme. La palabra me ha forjado; la imagen me sigue forjando. Entre una y la otra, un camino latente que está por descubrir. Empecemos por el primer paso.